Juan Carlos Chirinos
Texto leído en Alcalá de Henares para La Noche de los Libros, 23 de abril de 2008

Vano intento de definición. El humor de cada pueblo refleja su inteligencia; su capaci-dad para la ironía, su buen o mal talante; el humor sólo se da en condiciones adversas y cuando eres feliz; es una contradicción y una manera elegante de dejar de tener razón, es un ejercicio de pedantería y el acto más humilde de todos; pertenece a la esfera de los homo sapiens pero los gatos lo conocen muy bien; todos los perros saben reír pero tienen muy poco sentido del humor. Se dice del aprendiz de una lengua que comienza a hablarla cuando entiende sus chistes, pero muchos herejes murieron en la hoguera por-que la mitad de sus contemporáneos no entendieron su sentido del humor y la otra mitad lo entendió demasiado. El humor es el masaje de las neuronas, la caricia de las papilas, el desatascador de los oídos: es suave y perverso; es inocente y contiene todos los peca-dos; es el quiebre con que dios coronó la creación al séptimo día antes de echarse a dormir, harto ya de tanto protocolo. El humor no debe ser definido en una sola frase (ni en mil) porque de lo contrario puede que terminemos leyendo a Chesterton y descubra-mos cuán tontos hemos sido: «intentar definir el humor sólo demuestra que se tiene poco sentido del humor». Nunca sabremos cuánto sentido del humor tenemos: es como el tiempo: si no me preguntan sé lo que es, pero si me lo preguntan ya no lo sé
Texto leído en Alcalá de Henares para La Noche de los Libros, 23 de abril de 2008

Vano intento de definición. El humor de cada pueblo refleja su inteligencia; su capaci-dad para la ironía, su buen o mal talante; el humor sólo se da en condiciones adversas y cuando eres feliz; es una contradicción y una manera elegante de dejar de tener razón, es un ejercicio de pedantería y el acto más humilde de todos; pertenece a la esfera de los homo sapiens pero los gatos lo conocen muy bien; todos los perros saben reír pero tienen muy poco sentido del humor. Se dice del aprendiz de una lengua que comienza a hablarla cuando entiende sus chistes, pero muchos herejes murieron en la hoguera por-que la mitad de sus contemporáneos no entendieron su sentido del humor y la otra mitad lo entendió demasiado. El humor es el masaje de las neuronas, la caricia de las papilas, el desatascador de los oídos: es suave y perverso; es inocente y contiene todos los peca-dos; es el quiebre con que dios coronó la creación al séptimo día antes de echarse a dormir, harto ya de tanto protocolo. El humor no debe ser definido en una sola frase (ni en mil) porque de lo contrario puede que terminemos leyendo a Chesterton y descubra-mos cuán tontos hemos sido: «intentar definir el humor sólo demuestra que se tiene poco sentido del humor». Nunca sabremos cuánto sentido del humor tenemos: es como el tiempo: si no me preguntan sé lo que es, pero si me lo preguntan ya no lo sé







